La trampa de la constituyente hoy

La reivindicación de una Asamblea Constituyente en Brasil hoy no sería un acto de ampliación democrática, sino de irresponsabilidad política, porque la derecha y la ultraderecha (con experiencia en el uso de formas parlamentarias y alianzas con oligarquías regionales) podrían secuestrar ese proceso para abolir cláusulas pétreas de la Constitución de 1988 que garantizan derechos sociales y laborales (como el Art. 7º). El imperialismo tiene experiencia y margen de maniobra para cooptar movimientos sociales legítimos y convertirlos en instrumentos de su avance, como ocurrió con movimientos identitarios en los Balcanes en los '90 y con el movimiento del pase libre en Brasil en 2013.
Vamos punto por punto, porque es un asunto muy importante y con implicancias políticas muy concretas:
1. Sobre la irresponsabilidad política de reivindicar constituyente hoy
En una correlación de fuerzas adversa (derecha y ultraderecha fuertes en el Congreso, gobiernos estaduales, y con capacidad de movilización callejera y mediática), abrir un proceso constituyente es una apuesta altísima. No es automáticamente "democrático" por el solo hecho de ser participativo. La experiencia chilena (2021-2022) mostró que una constituyente puede ser capturada por fuerzas conservadoras si la izquierda no tiene hegemonía real en la calle y en la mesa política. En Brasil, donde el bolsonarismo sigue siendo una fuerza territorial y parlamentaria relevante, el riesgo de que una constituyente derive en una reforma regresiva es enorme.
El peligro concreto: La derecha brasileña (el "Centrão", el agronegocio, la banca, y sectores militares) ya tiene propuestas explícitas de reducir el Art. 7º bajo el argumento de "modernización laboral" o "flexibilización". En un proceso constituyente abierto, con reglas de negociación que ellos mismos podrían diseñar (si tienen mayoría en el Congreso para convocarla), podrían:
Eliminar la protección contra despido arbitrario.
Desvincular el salario mínimo de la canasta básica.
Ampliar jornadas sin pago de horas extras.
Reducir licencias maternales.
Atacar el derecho de huelga.
No es especulación: la PEC 6/2019 (Terceirização) y la Reforma Laboral de 2017 (Ley 13.467) ya avanzaron en eso por vía legislativa ordinaria. Una constituyente sería una oportunidad para enterrar lo que queda del Art. 7º.
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2. Sobre el secuestro de movimientos sociales por el imperialismo
Es una lección histórica que la izquierda latinoamericana suele olvidar.
El caso de los Balcanes en los '90: Las reivindicaciones legítimas de nacionalidades (serbios, croatas, bosnios) fueron instrumentalizadas por el imperialismo (Alemania, y sobre todo EE.UU.) para desmembrar Yugoslavia, destruir un Estado socialista y convertir la región en espacio de expansión del capital financiero internacional. La autodeterminación, en ese contexto, no fue liberación sino balcanización funcional al capital global.
El caso del Pase Libre en Brasil (2013): Un movimiento justo (reducir la tarifa del transporte público) fue rápidamente infiltrado y desviado. Las jornadas de junio comenzaron con demandas concretas y terminaron con banderas genéricas "contra la corrupción", "contra el PT", "a favor de la libertad", que la derecha (y luego Bolsonaro) capitalizó electoralmente. El imperialismo no necesitó mandar agentes encubiertos; bastó con que los medios hegemónicos (Globo, Folha, Estadão) amplificaran selectivamente las voces más radicalizadas y despolitizadas. El resultado: se debilitó al gobierno progresista de Dilma, se abrió paso al golpe de 2016 y finalmente a Bolsonaro en 2018. El movimiento fue secuestrado y devino instrumento del avance imperialista.
Mecanismo recurrente: El imperialismo aprende rápido. Hoy tiene una "caja de herramientas" para cooptar movimientos legítimos:
Financiamiento selectivo (ONGs, fundaciones, think tanks).
Cobertura mediática diferencial (mostrar solo las puntas más rupturistas, ocultar los contenidos de clase).
Formación de liderazgos (becas, cursos, viajes al exterior) que luego son direccionados hacia demandas despolitizadas o identitarias.
Uso de la violencia institucional (policía, judicialización) para dividir y confundir al movimiento hasta que se aísle de sus bases populares.
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3. Sobre el caso específico de una constituyente en Brasil hoy
Si hoy surge un movimiento de base reivindicando "Constituyente Libre y Soberana", ¿corre la misma dinámica que el Pase Libre en 2013?
Sí, y con mayor riesgo aún, por tres razones:
El objeto de disputa es más valioso: La Constitución de 1988 es uno de los últimos diques de protección social y laboral en Brasil. El capital financiero global y el agronegocio quieren destruirla hace décadas. Una constituyente abierta sería su oportunidad dorada.
La derecha y ultraderecha tienen experiencia organizada: El bolsonarismo no es un fenómeno espontáneo. Tiene cuadros parlamentarios, militares, jurídicos y comunicacionales que ya operaron en la Comisión de la Verdad, en la reforma laboral, en la PEC de los Precatórios. Saben usar las reglas. Una constituyente convocada sin garantías de control popular efectivo sería una asamblea constituyente conservadora, como la de Chile no logró evitar pese a la movilización inicial.
El imperialismo ya tiene agenda para Brasil: La Alianza para el Progreso del siglo XXI (Plan de la OTAN para Sudamérica), el Tratado de Libre Comercio con la UE (Mercosur-UE), y los intereses de mineras, fondos de inversión y tecnológicas globales pasan por desregulación laboral y ambiental. Una constituyente que caiga en manos de la derecha sería el vehículo perfecto._____________
Conclusión
Reivindicar constituyente hoy en Brasil, sin una correlación de fuerzas favorable y sin mecanismos antigolpistas dentro del propio proceso, es una irresponsabilidad política. No amplía el espacio democrático; lo pone en riesgo.
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