jueves, 30 de abril de 2026

1º de mayo de 2026

La derrota del imperialismo y del nazismo es una victoria para los trabajadores del mundo.

Declaración Internacional del 1º de mayo de 2026 del Comité de Enlace por la IV Internacional


Hoy, con la perspectiva de la derrota de EE. UU. y de Israel en la guerra contra Irán, estamos viendo, por primera vez desde la retirada de EE. UU. de Vietnam en 1975, la perspectiva de una derrota militar directa del imperialismo estadounidense, la mayor y más destructiva máquina de guerra jamás construida.

Trump no logró derrocar al gobierno, ni instalar una crisis política y social interna en Irán, no logró desarmar su potencia militar de última generación tecnológica, no logró reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo comercio fue uno de los pilares para el sostenimiento del dólar durante medio siglo. El revés para EE. UU. no termina ahí. La medida de fuerza de Irán, el cierre del estrecho, viene actuando como un elemento de guerra económica, de presión acumulativa por el aumento de la inflación, revisión de las metas de crecimiento y recesión global, por la disparada de los precios del petróleo y en cadena de todas las demás mercancías que dependen de él y, simultáneamente, genera también una crisis de liquidez como gatillo del estallido de la burbuja especulativa de la Inteligencia Artificial, cuya valorización se alimenta del circuito de los petrodólares.

La ofensiva contra Irán no encuentra apoyo directo ni siquiera dentro del propio sistema imperialista. Ninguno de los gobiernos del G-7 se alistó en la coalición militar. Nadie aceptó el llamado para el despeje de Ormuz. España e Italia, Gran Bretaña se opusieron formalmente a servir de base para los ataques a la nación persa, tensiones y desagregación del mando mundial que ninguna merienda entre Carlos III y Trump resolverá. Los aliados están divididos: Australia apoya los ataques criminales contra Irán, pero Corea del Sur no. Hasta el vasallo gobierno de Alemania reconoce que EE. UU. está siendo humillado por Irán.

La República Islámica demuestra que la resistencia bien preparada a lo largo de décadas, con fuertes inversiones en educación, ciencia y tecnología, la superación de ilusiones conciliacionistas y la firmeza de principios puede vencer hasta el más rico y poderoso de los ejércitos de toda la historia.

Incluso si desesperadamente Trump y Netanyahu intentan revertir la derrota humillante que marcó los dos primeros meses de guerra con un crimen hediondo contra la humanidad, realizando un ataque nuclear contra Teherán, ya ha habido una victoria de los trabajadores con una importancia cualitativa superior. Padrino de la causa palestina y del Eje de la Resistencia, en Gaza, Líbano, Yemen o Irak, Irán representa la dignidad de la humanidad contra la barbarie nazisionista. Ya es el campeón de la lucha por el derecho a la existencia de los palestinos y de la milenaria civilización persa, contra amenazas nucleares, guerras de exterminio y el genocidio.

Cualquier derrota de estas manifestaciones del capitalismo podría ser un enorme incentivo para cada una de las luchas contra el capital, que tiene en el imperialismo su fase de mayor acumulación y en el fascismo a su más rabioso perro guardián. La derrota del imperialismo o del fascismo abre el camino para la derrota del capitalismo.

Esta victoria sobre EE. UU. e Israel tensa a los gobiernos de los países oprimidos armados, como China y Rusia, hacia la formación de un frente antiimperialista global; estimula la movilización de masas contra Trump en EE. UU. y en Europa, y contra el sionismo en los territorios ocupados o incluso en Israel; estimula la resistencia contra el golpismo en Malí, o en Brasil, la lucha contra las políticas esclavizantes de Milei en Argentina, y la propia victoria de Rusia contra la OTAN en Ucrania.

Las derrotas en Asia, África y Europa hacen que EE. UU. busque reconcentrar fuerzas en América, lo que tiende a recrudecer su ofensiva contra los trabajadores latinoamericanos, para compensar el terreno perdido en el resto del globo.

Cuba es víctima del recrudecimiento del bloqueo genocida que busca asfixiarla energética y económicamente —una ofensiva que se intensificó tras la intervención imperialista en Venezuela en enero de este año. China y Rusia están actualmente proporcionando una gran ayuda en petróleo y red de suministros para energía solar a Cuba.

La lucha antiimperialista y antifascista debe asumir el centro de la lucha de los trabajadores en este momento. Debe ser acompañada por las luchas del terreno económico-sindical: por la reducción de la jornada de trabajo, aumentos salariales, reestatización de las empresas privatizadas e industrialización del país; en el terreno político electoral, por la victoria de Lula en Brasil, de Cepeda en Colombia, y por la liberación de Maduro, Cilia Flores y de Venezuela, ahora bajo el chantaje permanente del Pentágono; la desocupación del Líbano y Palestina libre del Río al Mar.

Es en este contexto de golpes imperialistas y de la respuesta a ellos por parte de los trabajadores y pueblos oprimidos que nos encontramos en este Día del Trabajador. Estamos conscientes de que un reagrupamiento antifascista y antiimperialista (y, por tanto, decididamente antisionista) de la vanguardia internacional es más urgente que nunca. Debe realizarse como la mejor línea de continuidad con la lucha de los mártires asesinados por el imperialismo estadounidense en Chicago en la victoriosa lucha de entonces por la reducción de la jornada laboral a 8 horas. El desarrollo de las tecnologías en el último siglo, como la propia IA, ha posibilitado la reducción de la jornada a pocas horas diarias y a menos días semanales de trabajo. Pero, como predijo Marx, el desarrollo del maquinario en el capitalismo, al contrario de reducir, aumenta la jornada y precariza el trabajo; entonces, el parasitismo capitalista conduce a la deshumana jornada 996, incluso en China (donde fue prohibida) o en el Valle del Silicio. Bajo la dirección del proletariado, la reducción efectiva de la jornada alcanzará finalmente el amplio derecho al tiempo libre de los sueños de los mártires de Chicago, y las máquinas, como la IA, servirán como herramientas para ello, y no como elemento de chantaje de los capitalistas sobre los trabajadores, como hoy.

Todas estas victorias parciales son pasos importantes, representan en germen la victoria de la clase trabajadora mundial, la victoria del socialismo, a partir de un incipiente y amplio frente antiimperialista, que está siendo forzado a la cooperación mutua para no ser derrotado en cadena. Pero, en la mayoría de las naciones oprimidas, la idea de una convivencia pacífica con los enemigos, de un mundo multipolar capitalista, aún predomina, demostrando que este frente antiimperialista es tan incipiente como insuficiente. Por esto, necesitamos una organización estratégica internacional de los comunistas, para dar consecuencia a la lucha antiimperialista y avanzar sobre el capitalismo, a través de la revolución socialista mundial.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario